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Unos años después de la creación de las denominadas impresoras 3D, aparecía la noticia de la creación de la primera pistola fabricada a partir de dicha tecnología. En este artículo intentaré abordar el tema de armas e impresión en 3D procurando responder las preguntas más frecuentes que se realizan sobre el tema.

La sencillez con la que pueden ser fabricadas es abrumadora. Solamente hay que calentar el plástico que va depositándose en líneas con la forma del diseño que nosotros queramos.  

El comienzo de todo

Las impresoras 3D funcionan con los denominados archivos digitales CAD, los cuales les proporcionan las instrucciones de qué tienen que imprimir y cómo deben hacerlo. 

En el año 2012, un estudiante de derecho de Texas llamado Cody Wilson, comunico su idea de conseguir que un diseño de armas de fuego diseñado por el mismo fuera como se denomina comúnmente, de código abierto. Esto significa que cualquier persona pudiera imprimir dichas armas con una impresora 3D desde su propio domicilio.

Poco después fundo Defcad, o como el la denominaba una “organización sin ánimo de lucro” con el único propósito es el de combatir la “censura” del propio gobierno.

Solo un año después, en 2013, ya podía encontrarse online el primer archivo de una de sus pistolas. Desde ese momento era posible descargar el diseño del arma desde cualquier parte. En los primeros dos días dicho archivo tuvo más de 100.000 descargas. Todo esto llevo al Gobierno de EE.UU a exigir que la Organización de Cody Wilson, eliminara el archivo de la red.

Todo esto continuó  con una perpetua batalla legal que finalizo el pasado 2018. Es en este año en el que la administración de Donald Trump legalizó las armas mediante impresión 3D. A día de hoy, por una tarifa de unos 50 dólares aproximadamente es posible descargar desde el sitio web de Defcad los diferentes archivos de modelos de armas de este tipo. En dicha web también es posible que los usuarios suban sus propios archivos con sus propios diseños.

La tecnología de las armas impresas en 3D

Debemos tener en cuenta que, aún que la fabricación de cada parte independiente es bastante sencilla, una impresora 3D no puede crear un mecanismo complejo como el de las armas de fuego tradicionales. Es por ello qué se imprimen los elementos de forma separada para luego ensamblarlos manualmente.

Respecto a los materiales, para fabricar un arma con una impresora 3D es posible elegir entre distintas clases de termoplásticos.  Entre ellos se encuentran el denominado PLA, siendo este más blando que produce una fabricación más rápida y el ABS, más duro pero raja antes de deformarse.

En muchos casos es normal que, los usuarios solamente puedan disparar una bala antes de que alguna de las partes se rompa. (en el caso de las pistolas fabricadas a base de estos materiales).

No obstante, es importante conocer que este tipo de armas fabricadas con impresoras 3D, requieren de una pieza metálica que haga de aguja percutora.

En la actualidad, con la tecnología actual de impresión en 3D, no es posible fabricar armas de calidad decente en un domicilio. No obstante, es probable pensar que, a medida que la tecnología avance, esto pueda cambiar. Con un futuro difícil, puesto que las tecnologías de fabricación evolucionan con nuevos materiales que son mejorados rápidamente. 

Una creciente preocupación

La preocupación sobre este tipo de armas impresas en 3D a aumentado en los últimos años, mayormente en EE.UU. En dicho país, a aumentado de forma exponencial la venta de piezas y componentes plásticos para la fabricación de este tipo de armas de fuego. Una de sus principales características que es además, la que hace que sean consideradas tan peligrosas, es que no pueden rastrearse por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Es muy complicado o prácticamente imposible conocer además, el número de individuos que disponen de una de estas armas.

En el pasado año 2019 se dictamino por parte de un juez federal que dicha legalización no era legal, bloqueando de forma temporal la Organización Defcad. Como respuesta se creo el grupo denominado Deterrence Dispensed. Una red de activistas de armamento que funciona de forma descentralizada, siendo muy complicada su detención en caso de ser necesaria.

El pasado año 2020, varios estados junto con el Distrito de Columbia presentaron una demanda formal contra el Gobierno de los EE.UU por la decisión de permitir compartir archivos de fabricación de armas impresas en 3D.

La calidad actual

En ese mismo año 2020, este tipo de impresoras tuvieron un salto de calidad exponencial. Esto fue debido al lanzamiento de un rifle casero semiautomático denominado Fgc 9 o «Fuck gun control 9mm». La construcción de este tipo de arma cuesta al cambio unos escasos 300 Euros, de los cuales 220 aproximadamente, son utilizados para la adquisición de una impresora 3D económica.

Para hacernos a la idea, un modelo parecido adquirido legalmente en una armería, costaría en EE.UU más del doble de precio.

Como hemos mencionado anteriormente, estas armas no disponen de número de serie, con lo cual no es posible realizar un rastreo de las mismas. Es por ello qué actualmente, es una de las amenazas que más preocupa a las Fuerzas de Seguridad ya que organizaciones criminales y grupos terroristas pueden tener acceso a este tipo de armamento.

Para imprimir una pistola, por ejemplo, sólo es necesario el archivo CAD y la impresora 3D. Dicha impresora no solicitará credenciales al usuario, y en la web es muy sencillo mantener el anonimato. Esto quiere decir que cualquier persona podría portar un arma sin necesidad de aparecer en el sistema.

En nuestro país, lo complicado es encontrar los planos de fabricación de este tipo de armas de forma legal. Dichos planos están prohibidos en casi todo el mundo actualmente. No obstante pueden localizarse en la denominada “Deep web”.

Que dice la legislación española al respecto

La ley española respecto a las armas e impresión en 3D de las mismas no recoge nada sobre la auto fabricación. No obstante l artículo 149.1.26 de la Constitución Española expone que el Estado es el único con competencia para producir, comerciar, tener y utilizar armas y explosivos. Esto quiere decir que la producción por particulares está totalmente prohibida y según nuestro código penal, el incumplimiento de ello conlleva penas de entre 5 y 10 años de cárcel.

Por otro lado, el artículo 563 del código Penal nos dice que “La tenencia de armas prohibidas y la de aquellas que sean resultado de la modificación sustancial de las características de fabricación de armas reglamentadas, será castigada con la pena de prisión de uno a tres años”

Os dejo el enlace a otro artículo en el que hablo sobre las reglas para el manejo seguro de armas de fuego.

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