el-perro-de-vigilancia

Es indiscutible que la simple presencia de un perro de vigilancia en nuestro domicilio puede ser extremadamente útil para protegernos a nosotros, a nuestros seres queridos.

La presencia de un perro en nuestra vivienda, está estrechamente relacionada con la seguridad de la misma. En el caso de los perros de protección, realizan funciones de vigilancia además de que podemos disfrutar de su gran compañía. Los perros tienen los sentidos del olfato y de la vista más desarrollados que los de nosotros los humanos.

Este desarrollo de sus sentidos hace que sea posible su anticipación a ciertos peligros. El poder oler y detectar los mismos a una gran distancia o en condiciones de luz limitada posibilita que los perros emitan las señales de alerta que advierten a sus dueños con antelación que se encuentran ante una situación peligrosa.

Un perro vigilancia debe estar adiestrado de una forma correcta. Debemos además prestar una atención especial a la genética propia de la raza que seleccionemos.

Tampoco debemos olvidar que un perro de vigilancia, crea un enorme efecto disuasorio haciendo que, su sola presencia haga que los delincuentes cambien de opinión o de blanco en muchas ocasiones.

Si los dueños se encuentran ante posibles amenazas o ataques a su integridad física, la presencia de perros minimiza las posibilidades de que dichos ataques les ocasionen daños o lesiones.

Reconocer la diferencia entre perro de vigilancia y un perro de ataque

Un perro de vigilancia es entrenado para alertar a su dueño de la presencia de un individuo extraño o no deseado a través de sus ladridos o avisos. Habitualmente un perro de vigilancia o guardería no es entrenado para atacar cuando lo ordenemos. Tampoco a actuar de una forma extremadamente agresiva con un extraño.

Los perros considerados de ataque habitualmente son utilizados por la policía y los cuerpos de seguridad. Son entrenados para atacar cuando se les dé la orden y responder de una forma más agresiva ante una amenaza o un intruso potencial.

La mayor parte de los perros de ataque no actuarán de forma agresiva a no ser que su dueño dé la orden. Sin embargo un perro de ataque mal entrenado puede atacar sin aviso previo y puede representar una amenaza grave para los seres humanos u otros animales.

Normalmente, la población en general no suele necesitar un perro considerado de ataque.

Elegir un perro guardián adecuado

En primer lugar tenemos que tener claro que, un perro es una gran responsabilidad y nunca debemos tratarlo como a una herramienta si no como a un compañero más. Debemos tener claro que nuestro animal no ha nacido para ser un sistema de vigilancia en sí mismo. Jamás debemos pensar en el como si de un simple utensilio se tratara.

Existen ciertas razas de perros que, debido a su genética muestran una predisposición mayor a convertirse en un perro de vigilancia estupendo. Es por esto que, además del trabajo de adiestramiento, cuando buscamos algo más que un simple perro que nos haga compañía, debemos valorar ciertos aspectos.

La raza: Algunas de las características básicas que reúnen las razas más reconocidas de perros de vigilancia son la fuerza física, su tolerancia al dolor o el carácter y temperamento. Es por ello que debemos, en primer lugar analizar que raza es más adecuada para lo que estamos buscando.

Su edad: El entrenamiento será muchísimo más simple y efectivo cuando nuestro perro de vigilancia sea aún un cachorro. Es mucho más complicado corregir los posibles hábitos que adquiera nuestro animal cuando sea un adulto.

El tipo de propiedad a proteger: Tenemos que tener muy claro que no es lo mismo un perro que tendrá que convivir con nosotros en una vivienda de tamaño reducido que uno con terreno suficiente para correr y moverse con libertad.

Normalmente, la gente suele asumir que un perro de vigilancia es una máquina de atacar y morder con gran agresividad, pero como he comentado antes, un perro de vigilancia correctamente adiestrado es cualquier cosa menos una animal agresivo.

A la mayor parte de los perros se les puede enseñar a ser un buen vigilante o guardián de nuestro domicilio o de un recinto concreto, simplemente mediante la utilización de métodos no agresivos como el ladrido a posibles intrusos o las patrullas.

Un buen perro de vigilancia debe ser confiado y fácil de motivar por medio de recompensas, “premios” o incluso distintas formas de juego.

Nuestro animal también tiene que ser poco o nada reactivo a las posibles distracciones para poder prestar la atención necesaria a su dueño en todo momento.

Un buen perro de vigilancia debe tener confianza en sí mismo y en sus alrededores. Deberá tener curiosidad sobre una nueva persona y no debe ser asustadizo cuando conoce  a una persona nueva.

Comenzar con lo básico

En primer lugar, debemos enseñarle a nuestro perro las habilidades esenciales de obediencia. Nuestro perro de vigilancia debe responder tanto a señales de voz como a señales de mano. Es por esto que debe ser lo primero que debe aprender si queremos disponer de un eficiente pero de vigilancia. La consistencia y la práctica son clave para hacer que retenga las órdenes.

Las ordenes como “quieto”, “Sit”, “Platz” y demás, son elementales para poder controlar a nuestro animal en caso de un visitante indeseado. Por ello debemos asegurarnos de que nuestro perro disponga de una base sólida de obediencia antes de poder continuar con su formación específica.

Una socialización apropiada es esencial para entrenar a nuestro perro como un buen perro de vigilancia. Si un perro está bien socializado se sentirá cómodo en su ambiente habitual, siendo además menos miedoso.

El mejor momento para socializar a nuestro perro es normalmente  cuando tenga entre entre 3 a 12 semanas de edad. Pasado este tiempo los perros cada vez desconfían más de las situaciones que son nuevas para ellos. Es por esto que se vuelven más difíciles de socializar.

Durante este periodo de socialización, debemos hacer que nuestro cachorro se sienta cómodo conociendo a nuevas personas y ambientes.

Enseñarle a ladrar al dar la orden

Debemos entrenar a nuestro perro a ladrar con una orden sencilla. La mayoría de los perros son ladradores naturales y no necesitan una orden para ladrar al sonido de alguien acercándose o un ruido repentino, no obstante una sencilla rutina para conseguirlo en caso de que no surja de forma espontánea es la siguiente:

  • Mantendremos una golosina, premio o juguete que le guste por encima de su cabeza y le diremos la orden que queremos que ejecute, como por ejemplo “ladra”.
  • Agitaremos el premio y hablaremos con una entonación de emoción para animar al perro a ladrar.
  • En el momento en que nuestro animal ladre debemos recompensarlo con el premio elegido.
  • Deberemos repetir este ejercicio varias veces diariamente para que el perro ladre con energía en cuanto le demos la orden seleccionada.

Mostrarles el territorio

Una de las primeras cosas que debemos hacer, es familiarizar a nuestro futuro perro de vigilancia con los límites de su propiedad. Los perros de vigilancia deben conocer exactamente los límites de su territorio para que pueda ladrar en el momento adecuado.

Para conseguir esto debemos caminar con nuestro animal alrededor de nuestra propiedad, alentándolo a ver su entorno lanzando premios en frente de él.

A medida que nuestro perro se anime y vaya en la dirección de los premios debemos decirle “ve” o “busca” en voz alta y permitirle que posteriormente, se coma los premios como recompensa. Con esta rutina conseguiremos que el perro observe un lugar determinado cuando nosotros se lo ordenemos.

Socializar a nuestro animal

Debemos siempre que se posible, llevar a nuestro perro de vigilancia a correr al parque o al campo para que pueda desestresarse relacionándose con otros perros. Con esto evitaremos que nuestro animal se vuelva demasiado posesivo.

Muchos perros de vigilancia que no están socializados pueden llegar a ser demasiado posesivos y agresivos, incluso cuando se encuentran fuera de su propiedad.

Es importante que enseñemos a nuestro perro a ladrar a gente extraña. Esto siempre debe realizarse en un entorno controlado. Para ello podemos realizar la siguiente rutina:

  • Le pediremos a algún amigo que nos visite y se detenga en el límite de nuestra propiedad.
  • Llevaremos a nuestro perro hacia ellos y le daremos la orden “ve”.
  • En el momento en el cual tenga su atención dirigida hacia los extraños le diremos “ladra”. Posteriormente le recompensaremos con el premio correspondiente en el mismo momento en el que comience a ladrar.

Esto le enseñara a nuestro perro de vigilancia a que ladrar a personas extrañas en su cometido como perro de vigilancia. Como es lógico, esta rutina debemos realizarla con amigos que el perro no conozca.

Recuerda que nunca debes enseñar a tu perro a ser agresivo ante las personas ni fomentar que muerda. Es mejor dejar la enseñanza de técnicas apropiadas de ataque a los profesionales, ya que no es recomendable entrenar a nuestro perro de forma incorrecta y terminar con un perro extremadamente agresivo.

Si quereis ampliar información sobre los robos en domicilios y como podemos ayudar a evitarlos podeis leer mi artículo anterior al respecto.

2 comentarios en «El perro de vigilancia en nuestros hogares»
  1. Buen articulo, espero que toda la gente que lo pueda leer tome conciencia de que los perros no son un juguete, ni un capricho… Son una responsabilidad y pueden ser grandes protectores, y bien adiestrados pueden ser compañeros de trabajo increíbles.
    Un saludo

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